Parroquia de San Roque- Badajoz

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El diálogo, esencial para convivir

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Hablando se entiende la gente, decimos pero no siempre somos capaces de hablar para entendernos, o hablar, de tal manera que queramos entendernos. Sin embargo, las ocasiones en los que lo hemos hecho nos damos cuenta de cómo cambian las ideas que en mí se habían formado y que no eran exactamente así, y, una vez más, descubrimos a la otra persona.

El Papa Francisco, recientemente nos decía: “Para dialogar es necesaria, ante todo, la humildad». Y es que el orgullo impide entablar diálogo, tender puentes, dar el primer paso.

Por lo tanto, para dialogar no hay necesidad de alzar la voz, «sino que es necesaria la mansedumbre». Y, además, «es necesario pensar que la otra persona tiene algo más que yo», Junto «con la humildad y la mansedumbre, para dialogar es necesario hacerse todo a todos», ponerse en el lugar de la otra persona.

«Humildad, mansedumbre, hacerse todo a todos» son los tres elementos básicos para el diálogo. Pero aunque «no esté escrito en la Biblia —puntualizó el Santo Padre—, todos sabemos que para hacer estas cosas es necesario tragar mucha quina; debemos hacerlo, porque las paces se hacen así». Las paces se hacen «con humildad, con humillación», siempre tratando de «ver en el otro la imagen de Dios». Así muchos problemas encuentran solución, «con el diálogo en la familia, en las comunidades, en los barrios». Se requiere disponibilidad para reconocer ante el otro: «escucha, disculpa, creía esto…». La actitud justa es «humillarse: es siempre bueno construir un puente, siempre, siempre». Este es el estilo de quien quiere «ser cristiano», aunque «no es fácil, no es fácil». Sin embargo, «Jesús lo hizo, se humilló hasta el fin, nos mostró el camino».

Un consejo práctico: para abrirse al diálogo «es necesario que no pase mucho tiempo». En efecto, hay que afrontar los problemas «lo antes posible, en el momento en que se puede hacer, cuando ha pasado la tormenta». Inmediatamente hay que «acercarse al diálogo, porque el tiempo hace crecer el muro», tal «como crece la hierba mala, que impide el crecimiento del trigo». Y «cuando crecen los muros, es mucho más difícil la reconciliación, mucho más difícil». De ahí la invitación a «no dejar que pase mucho tiempo» y «buscar la paz lo antes posible».

Así «jamás debe terminar la jornada sin hacer las paces, sin el diálogo que algunas veces es solamente un gesto», un decirse «hasta mañana».

«Tengo miedo de estos muros —afirmó el Papa— que se elevan cada día y favorecen los resentimientos. También el odio».

Pedimos al Cristo de la Paz que nos conceda «a todos nosotros la gracia de construir puentes con los demás, jamás muros» y ser constructores de la paz que nos vino a traer.

Luis Romero Rangel. Párroco de San Roque

 

Newsflash

Durante la pasada semana vivíamos la experiencia de la semana de Reflexión y Diálogo, como viene siendo tradicional en nuestra comunidad parroquial en este tiempo pascual. Ha sido una gran oportunidad para empaparnos de una de las virtudes cristianas más necesarias en nuestro tiempo: La esperanza.

El lunes, Pedro Gómez nos guió por la ruta de las realidades que suponen motivo de esperanza desde el punto de vista de la persona: Nuestro propio ser, el encuentro con los otros, y el mundo en el que vivimos, pueden y deben ser para nosotros motivo de esperanza, si sabemos situarnos, aunque todas estas esperanzas pequeñas se afianzan en la esperanza con mayúsculas, el mismo Dios.

El martes, Inmaculada Sánchez nos abrió puertas para la esperanza en la sociedad en la que vivimos, recordándonos cómo el pasado siglo XX generó grandes motivos de esperanza, y que, a pesar de la difícil situación en la que estamos viviendo, todavía hay motivos para continuar caminando.