La columna semanal: A dónde voy y a qué

Jueves, 24 de Octubre de 2013 14:53 Mario Corrales
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Esta expresión es de San Ignacio, él que fue un maestro en el arte de distinguir lo que hay en el corazón humano, discerniendo, nos ayuda a dirigir la vida, eligiendo.

Con esta expresión nos quiere hacer caer en la cuenta, haciéndonos conscientes, de cada acto, de cada encuentro, de cada tarea y de cómo encarar cada una de nuestras acciones por cotidianas o rutinarias que puedan ser.

En muchas ocasiones tenemos la sensación de vivir como “con el piloto automático”, no vivimos sino que funcionamos, realizando una serie de tareas obligadas y pesadas, que por diarias, se vuelven casi automáticas. Plantearnos el “A dónde voy y a qué”, nos permite activar en nosotros la adecuada actitud ante la tarea y disponernos, receptivamente, al encuentro con las personas, que por conocidas, no pueden dejar de sorprendernos. De simples saludos o casualidades pueden convertirse en encuentros.

Jesús fue un maestro en esto de dirigir todo su ser cuando anduvo por los caminos de nuestro mundo y cuando se iba encontrando con las personas en las cunetas o en los recodos del camino, Él logra que se conviertan en auténticos encuentros renovadores y transformadores de las personas, baste recordar a la samaritana, al ciego Bartimeo, a la hemorroisa, a Mateo…

La variante a la cuestión la podemos encontrar en la expresión “a dónde voy y con quien me voy a encontrar”, ¡cómo se transfiguraría los encuentros con los conocidos de siempre si nuestra actitud ha sido despertada para acoger y compartir!. Cómo cambiaría nuestra actitud a la hora de dirigirnos a la oración, a la eucaristía, al voluntariado, a la reunión de grupo, al servicio comunitario, de vuelta a casa…